8 de enero, tres años: Para que no se olvide, para que no vuelva a ocurrir
El calendario marca tres años desde que la sede de los Tres Poderes en Brasilia fue escenario de uno de los episodios más lamentables de la historia reciente de Brasil. El 8 de enero de 2023, los ultraderechistas partidarios de Bolsonaro intentaron materializar lo que se venía gestando durante meses: un golpe de Estado para derrocar a un gobierno electo e instaurar una dictadura militar en el país.
Para la clase trabajadora, el recuerdo de este día no es solo un registro histórico, sino un llamado a la acción: ¡Ninguna amnistía para los golpistas!
Un golpe anunciado
No fue un movimiento espontáneo. Los medios de comunicación de la época e investigaciones posteriores confirmaron el 8 de enero como la culminación de una escalada golpista. Se produjeron meses de campamentos financiados por empresarios y sectores agroindustriales frente a cuarteles militares, bloqueos de carreteras criminales y discursos de odio que exigían la intervención militar.
Hoy, en 2026, la evidencia es irrefutable. Lo que parecía un motín de "fanáticos" fue, de hecho, una operación organizada con una cadena de mando dentro del Palacio Presidencial. Las investigaciones han demostrado que el plan golpista y su impulso directo provinieron de la presidencia de Jair Bolsonaro, buscando utilizar a las Fuerzas Armadas para impedir la investidura de Lula y destruir las libertades democráticas.
Rompiendo el ciclo de impunidad: De 1964 a 2023
Por primera vez desde el fin de la dictadura militar de 1964, vemos a golpistas sentados en el banquillo de los acusados y encarcelados. Esta es una victoria para la movilización popular, pero la presión de la extrema derecha para la revisión de las sentencias y una "dosimetría" más indulgente es constante.
CSP-Conlutas reafirma: las sentencias deben ser confirmadas y Bolsonaro debe pagar por sus crímenes en prisión. La historia brasileña nos enseña el costo de la conciliación. La Ley de Amnistía de 1979, que protegió a torturadores y generales de la dictadura de 1964, es la herida abierta que permitió a los militares soñar con el poder de nuevo en 2023. Como ayer no hubo castigo, se sintieron autorizados a intentar un golpe de Estado hoy.
Castigar a los golpistas de hoy es la única manera de evitar que los generales del mañana intenten imponer una dictadura de nuevo.
El Espejo del Capitolio y la Agresión contra Venezuela
El guion brasileño no es original. El paralelismo con la invasión del Capitolio en Estados Unidos el 6 de enero de 2021 es evidente. Allí, la falta de un castigo inmediato y contundente contra Donald Trump permitió al líder de ultraderecha regresar al poder y, ahora en 2026, usar la fuerza militar unilateralmente.
El reciente bombardeo de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses muestran la verdadera cara de esta política: el uso de la "defensa de la democracia" como fachada para los intereses imperialistas y el control de los recursos naturales. Trump no fue castigado por intentar subvertir la democracia interna y ahora subvierte la soberanía de otros pueblos. En Brasil, no podemos permitir que el bolsonarismo y la extrema derecha tengan la misma supervivencia política.
Defendiendo las libertades para avanzar en la lucha
Defender las libertades democráticas no significa depositar una confianza ciega en las instituciones del estado burgués, sino garantizar el terreno donde la clase trabajadora pueda organizarse, hacer huelga y luchar por sus derechos sin temor a porras ni bayonetas.
La lucha contra la amnistía es una lucha contra el olvido. Seguimos en las calles exigiendo el encarcelamiento de todos los organizadores, financiadores y militares involucrados en el 8 de enero.
¡Nunca más a la dictadura! ¡Por el fin del legado autoritario y el castigo a todos los golpistas!

